Norma que debiera ser de obligado cumplimiento

Norma que debiera ser de obligado cumplimiento para todos
Para facilitar la organización de vehículos y saber a quienes hay que esperar en Mompía o en cualquier otro lugar de reunión de salida, se ruega muy encarecidamente enviar un mensaje bien al móvil, o bien al correo electrónico de Alberto o quien dirija la salida, indicando quiénes van a ir a la marcha, lo más tarde el viernes al mediodía, si es posible.

CALENDARIO DE MARCHAS 2014

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miércoles, 19 de abril de 2017

Ascensión al Gran Negro 2.524 m. desde Vidrieros

Convocados por J.R., el viernes día 7 nos fuimos hasta Vidrieros para ascender al Curavacas, montaña que también se la conoce como el Gran Negro por el color oscuro de la roca que la compone. La intención era ascenderla en condiciones invernales, aunque ya haga unos días que hemos entrado en la primavera, pero como este invierno ha sido muy escaso en precipitaciones, nos lo encontramos prácticamente limpio de nieve, sobre todo en su cara sur, que es por donde vamos a ascender nosotros. Solamente en el último tramo, antes de llegar al collado por donde se accede a la cara norte, encontramos un nevero que nos dejó disfrutar un poco de los crampones y el piolet.

A la salida de Vidrieros nos hacemos la foto de salida, donde se ve a los cinco que nos hemos apuntado para la ocasión.

Desde este punto ya tenemos una buena visión de la montaña y del Callejo Grande, que es la canal por donde vamos a realizar la ascensión. Solo algunos neveros sueltos por la marcada canal sur y al final del Callejo Grande.

Con una agradable temperatura a esta hora de la mañana, nos vamos acercando a las faldas de la montaña, donde nos espera su larga y píndia pedrera. Una vez en ella, el fuerte calor pareció transportarnos a un día de pleno verano.

Hoy nos hemos juntado tres reporteros. J.R., el mas profesional, no para de realizar fotos. Las de este reportaje son una selección de las sacadas por el, por Chema y por mi.

Llegamos al magnífico manantial que se encuentra al inicio de la pedrera, parada obligatoria para refrescarse con su cristalina agua, o para rellenar las cantimploras, si no las tenemos suficientemente cargadas.

Tras lo cual se comienza a superar la larguísima pedrera que llega hasta la entrada del Callejo Grande. Por aquí el calor ya nos empieza a machacar. Increíble que nos encontremos a primeros de Abril.

 Paciencia y tenacidad para ir superando metros por la pedrera.


En los paredones que caen de la cumbre de la montaña, llama la atención su marcada canal sur. Por ahí realicé mi primera ascensión al Curavacas acompañado por J.R. entre otros.

Sin darle ni un momento de tregua, vamos ganando metros a la pedrera.

Al rededor de las once llegamos a los primeros farallones rocosos que dan inicio al Callejo Grande. Al pie de los mismos nos paramos a degustar una riquísima empanada que Chema nos ha comprado en la panadería de Cervera. Con gente así, da gusto venir a la montaña.

Continuamos la marcha salvando por la derecha el primer nevero que nos encontramos.

Nos introducimos en el Callejo Grande libres ya de la pedrera, pero por terreno mas pendiente, que nos obliga a realizar el máximo esfuerzo.

Poco a poco nos introducimos en las entrañas del Gran Negro.


El valle va quedando ya muy abajo.

Jose disfrutando. Es su primera vez en esta montaña.

Disfrutamos de un magnífico día que nos permite admirar con nitidez el paisaje que se nos va mostrando. Al fondo Peña Redonda con el horizonte de la meseta al fondo.

Nos sentimos empequeñecidos entre las moles de roca.

Atravesamos a nuestra izquierda un collado, que nos mete en el último tramo antes de llegar al collado que nos dará acceso a la cara norte de la montaña.

Desde el cual disfrutamos de esta vista de Triollo y del pantano de Camporredondo.

J.R. posando con este espectacular ambiente montañero.

Llegamos al pendiente nevero que tenemos que superar, en este último tramo antes de salir al collado que da acceso a la cara norte, punto desde el que quedan sesenta metros para la cumbre.
Nos ponemos los crampones y sustituimos los bastones por el piolet.

Aunque ya da bien el sol, la nieve nos la encontramos aún en muy buenas condiciones para progresar.

 J.R. encarando el tramo mas pendiente y con la nieve mas dura.

Desde su posición nos fotografia en este espectacular tramo.


 Ahora soy yo el que le inmortalizo llegando ya al collado.

La salida del collado para acceder a la cara norte, es el único paso que supone cierta dificultad, con una fuerte caída a nuestra derecha, hacia una estrecha canal que se pierde en los abismos de la cara este de la montaña. Pero es un paso muy corto y con buenos agarres para las manos en la roca, lo que nos hace superarlo sin ningún problema.

Aquí se aprecia mejor la fuerte inclinación.

Superado ya el paso, solo nos queda salvar los sesenta metros de la pala de nieve que nos separa de la cumbre. Por detrás de J.R. vemos el inmenso valle de Pineda, y al fondo, las cumbres del Alto Campoo.

¡Nos vamos para la cumbre!



Y llegamos a la arista final.

Pese a la poca nieve que hay, el último tramo para llegar a la cumbre, luce una afilada arista de nieve que nos hace concentrarnos al máximo.

J.R. llegando a la cumbre.

José Antonio y Chema con un magnífico fondo. Si por el sur tenemos a lo lejos el horizonte de la meseta castellana, hacia el norte vemos claramente el del mar Cantábrico.


Todo esto es una novedad para Jose. Así hemos comenzado todos a zurrirnos en la montaña invernal.


 Ahora le toca a J.R.

Lo primero que llama mi atención, es la magnífica vista de toda la arista del Espigüete, que asoma por detrás de la cumbre oeste del Curavacas.

Mis compañeros esperan mi llegada a la cumbre.

J.R. nos hace la primera foto de cumbre.

El nos enseña el Espigüete

Otra foto de Cumbre, sacada por José Antonio.

Y la última sacada por mi.

La vista que tenemos hacia Peña Prieta.

 1.200 m. por debajo nuestro, el pueblo de Vidrieros, de donde hemos partido esta mañana.

Las cumbres central y Oeste del Curavacas.

Espigüete y Curavacas, las dos cumbres mas emblemáticas y bonitas de la cordillera Cantábrica.

Tras disfrutar un rato de la cumbre, iniciamos el descenso con la intención de pararnos a comer una vez descendido el tramo con nieve.

La arista nos sigue dando espectaculares fotos. Sobre las cabezas de J.R. y Jose se ve la Peña Ventosa, a la entrada del desfiladero de la Hermida.

Con la máxima concentración, vamos perdiendo altura.

Observando el panorama desde el collado.

Comenzamos el descenso por la pala de nieve. Lo mismo que a la subida, pero al revés.

Piolet, crampón, crampón, piolet. Piolet, crampón, crampón piolet.

Descendiendo de cara a la pared, la inclinación no parece tan fuerte.

Ya nos queda poco.

Buena vista de Triollo.

 también de Vidrieros.

Salimos del nevero y buscamos un buen acomodo para dar cuenta de los bocadillos en un mirador inigualable.

Una foto mas antes de continuar con el descenso.

¡Quieto, quieto Chema, que tienes una foto preciosa! digo yo.

¡Quietos, quietos ahí! nos dice también J.R.

¡Sácame una aquí!

¡Y otra aquí!

¡Esta es guapísima!

¡Dejaros de tanta foto y vamos para abajo!

Afortunadamente, la pedrera, todo lo contrario que a la subida, ahora se desciende con mucha rapidez y comodidad y enseguida llegamos a la parte baja de la montaña.




Una última vista a la montaña que nos a acogido hoy y que nos ha permitido disfrutar de los últimos vestigios de la escasa nieve que este invierno a aportado a las montañas.